LA ORACIÓN
Deja lo que estés haciendo, arrodíllate y saldrás transformado...
Pareciera que se han abierto los cielos. Todo el mundo nos recuerda en estos días lo importante que es la oración. “Tenemos ante nosotros una guerra espiritual que hay que ganar a base de arrodillarse y declarar la victoria”. Hablando en general, lo que nos lleva a clamar en oración suele ser la necesidad. Incluso es posible que tengamos la ligera sensación de que Dios reacciona sólo cuando nos dirigimos a Él. Sin embargo, también se nos ha estado educando en la idea de que Dios trabaja todo el tiempo. Entonces, si Dios va a cumplir su voluntad tanto si yo le pido y ayuno, como si no lo hago, ¿para qué sirve la oración?.
Todos sabemos que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza. Yo creo que el amor de Dios era tan grande que no podía contener tanta ilusión y alegría en su ser, y creó al hombre como una extensión de ese amor suyo. Y cuando uno ama lo que más valora de la otra persona es la sinceridad, la confianza, que no son –por otro lado- sino manifestaciones del verdadero amor.
Dios nos dio libertad porque amaba nuestra sinceridad. Si tú creas una máquina, la creas para tu servicio y no te preocupas por nada más. Dios no puede crear máquinas, porque uno siempre crea en relación con lo que uno es. El creador creó hombres capacitados para amar y a los que Él ama. Como dice la Biblia, Él es amor y no se puede negar a sí mismo. Por tanto, Dios, al crearnos libres, nos estaba dando la capacidad de entender todos los aspectos de su amor, y de sentirlo también. Elegimos nuestro propio camino. El que verdaderamente le elige a Él porque le conoce, es el que experimenta ese amor, es el que conoce la sinceridad, el arrepentimiento, la misericordia, la bondad, la confianza…
Después de esta introducción, os aclararé dónde quiero ir a parar. Una vez, mientras oraba, Dios irrumpía en mi espíritu dándome a entender en qué consistía lo que en ese mismo momento yo hacía: “la oración –caí en la cuenta-, es aquello que Dios utiliza para transformar nuestra incredulidad en esperanza y nuestro desánimo en fortaleza. La oración es la manifestación de nuestra fe. Es el proceso de reconciliación con el Padre, es el acto de sinceridad con Él.” En definitiva, la oración no ha de ser recitada sin sentir verdaderamente lo que se dice por que eso es un rito sin ningún resultado. Analicemos este ejemplo bíblico: “Y el Señor se apareció a Salomón de noche, y le dijo: He oído tu oración, y he escogido este lugar para mí como casa de sacrificio. Si cierro los cielos para que no haya lluvia, o si mando la langosta a devorar la tierra, o si envío la peste entre mi pueblo, y se humilla mi pueblo sobre el cuál es invocado mi nombre, y oran, buscan mi rostro y se vuelven de sus malos caminos, entonces yo oiré desde los cielos, perdonaré su pecado y sanaré su tierra”.
Salomón en sus oraciones se sinceraba con el padre; le hablaba teniendo por seguro que éste le oía. Sus palabras daban testimonio de lo que él era y sentía en aquel momento. Dios se agradó y le oyó, no en el sentido de escuchar, sino en el de dar una contestación. Esto ocurrió porque “Dios está lejos de los impíos pero escucha las oraciones de los justos” Proverbios 15:29. Más adelante, en el ejemplo de Salomón se nos revela otra cosa. El ayuno y la oración sirven para transformar al hombre y no para despertar a Dios. Es el Padre quien le dice esto a Salomón. El quiere ver a su pueblo cómo se niega a sí mismo y comienza una relación con Él. La oración es, sin duda alguna, la llave que fue entregada al hombre, por la gracia de Dios, para contactar con el amor y transformarse en esto mismo. Al fin y al cabo, el objetivo de Dios va a ser siempre perfeccionar su carácter en nosotros. Es por esta relación de amor –la oración- que descubriremos al padre. Entenderemos el AMOR. Conoceremos la verdad, y esta nos hará libres.
“Y los traeré a mi santo monte y los alegraré en mi casa de oración. Sus holocaustos y sacrificios serán aceptos sobre mi altar, porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos”, Isaías 56:7.

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