REVISTA CRISTIANA MULTICULTURAL

martes, 26 de junio de 2007

¿ Q U É H A C E S C U A N D O L L O R A S ?

¿Desesperas? ¿Abandonas? o ¿Luchas? Se nos ha dicho que el hijo y la hija de Dios suelen estar en alguna de las siguientes posiciones: entrando en la prueba, saliendo de la prueba o en medio de la prueba. También se ha afirmado que los problemas son como los pobres, de los que dijo Jesús que siempre los tendríamos con nosotros (Mateo 26:11). Todos sabemos por experiencia que Dios usa el sufrimiento y la prueba para nuestro crecimiento y nuestro bien, pero también sabemos lo duro que es vivir esta verdad.
Si desesperas cuando lloras, tu sufrimiento no te lleva a ninguna parte o, en el peor de los casos, te puede llevar a la amargura e incluso a la depresión. Si abandonas cuando lloras y te dejas llevar por la corriente de pensamientos negativos que te atormentan, empezarás a culpar a otros, tu fe se va a debilitar, tu enemigo intentará hacerte dudar de Dios y podrías incluso dejar sus caminos.
Si luchas cuando lloras y en medio de tu dolor sigues avanzando, aprenderás a conocer el corazón de Dios y sus verdades te darán fuerzas y estrategias para derrotar a todos tus enemigos.
Esto es exactamente lo que le ocurrió a Abías, rey de Judá y a sus hombres de guerra. Su enemigo les había tendido “una emboscada para venir a ellos por la espalda” (2º Cronicas13:13). Cuando estamos en prueba, el enemigo nos ataca con cosas evidentes que muchas veces son fallos nuestros, errores o pecados que se vuelven contra nosotros. Nos echa en cara lo que somos y lo mal que hacemos las cosas; pero él no se queda conforme con esto, también nos ataca por la espalda con armas que no vemos a simple vista, con mentiras y acusaciones falsas. Si duele que te digan la verdad de tus errores y culpas, más duele que te echen la carga de lo que no has hecho o que tuerzan la verdad en tu contra.
Dice el siguiente versículo: “Y cuando miró Judá, he aquí que tenía batalla por delante y a las espaldas; por lo que clamaron al Señor”. Dios, en su sabiduría, permite que la batalla nos rodee por todas partes y sólo nos quede abierta la vía de comunicación con el cielo. Esto es un alivio inexplicable que sólo los hijos e hijas de Dios tenemos en medio de las más duras pruebas. Los sacerdotes estaban también en el campo de batalla y tocaron las trompetas en señal de victoria alabando a Dios en ese momento tan difícil. La alabanza dio fuerzas a los guerreros que unieron al clamor de la oración el grito de fe. Lo que ocurrió cuando gritaron es que Dios entró en acción con toda Su soberanía y poder y desbarató el ejército del enemigo.
¿Qué haces cuando lloras? No desesperes ni abandones. Lucha con todas tus fuerzas y con las armas que Dios te ha dado. Tú eres un guerrero de Dios. También eres sacerdote. Toca la trompeta en medio de tu prueba, clama y levanta un grito de fe. El Señor vendrá a ti y te dará la victoria.

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