REVISTA CRISTIANA MULTICULTURAL

lunes, 25 de junio de 2007

RELATO: JOSÉ

CAPÍTULO 1°
(viene del numero anterior)

Como el valle quedaba lejos del pueblo, a los hijos de los dueños mientras eran pequeños, venía un profesor a darles clases. Cuando tuviera Ricardo unos años más, lo llevarían a un colegio de Lunes a Viernes, como hacía otra gente. Ana comentaba a sus compañeras, que mientras José fuera pequeño andaría con ella. Cuando creciera, ya vería lo que haría con él. Aún era un bebé. Ella le daba tanto cariño. Todo su amor lo depositaba en el chaval.
Ana pasaba mucho tiempo en la cocina, pero desde que José llegara a su vida, ella tenía todo el tiempo necesario para jugar con su hijo.
En el valle había una parcela preciosa, en la que había varios árboles, que a Ana le gustaba mucho visitar. Había muchas flores silvestres. Aquello estaba precioso. Cada día se desplazaba hasta allí con su hijo, para jugar con él, y que fuera conociendo la naturaleza. Era tan feliz Ana con José. Se sentía renacer. En la casa grande, todos comentaban el cambio de Ana, y se alegraban de su felicidad. Solamente había un inconveniente, y es que Ricardo, el hijo mayor de aquella familia comenzó a sentir celos del pequeño José. Ricardo hasta entonces era el varoncito, y aquel mocoso le quitaba fama, y en el más mínimo descuido la emprendía a golpes con José. Ana, siempre que Ricardo venía a la cocina, tenía que tener mil ojos para que José no saliera lesionado. Sin embargo, Isabel, aquella preciosidad de criatura, jugaba con aquel niño.
La niñera de Ricardo e Isabel, se llevaba muy bien con Ana. Estaba en aquella casa desde que naciera Ricardo. Gloria era una buena chica. Cinco años llevaba en aquella casa. Solo contaba con quince cuando entró allí. A aquellos niños los quería como si fueran de ella. Aquella primavera era la más bonita que Ana jamás recordara.
Con su marido fue muy feliz. Sufrió mucho cuando el murió. Pasó todo tan rápido, quedando destrozada. Este niño trajo a ella las ganas de vivir.
El tiempo pasaba, y Ana casi no lo notaba. Tenía José dieciocho meses y estaba precioso. Era un niño muy bueno. Se criaba bien de salud. Comía y dormía bien .El niño tenía locura con su madre. Ana se planteó, que cuando el niño tuviera edad de ir al colegio, el mismo profesor que vendría a darles clases a los niños de su jefe, se las daría al suyo.
A José le empezaba a gustar la naturaleza. El chaval corría por la pradera tirándose con su madre en la hierba. Al niño le gustaba todos los animalitos. En la casa grande habían varios perros. Allí eran necesarios para cuidar de los animales. Había una pastora alemana preñada. A Ana le dijeron que si quería un cachorrillo de ella para su hijo, y dijo que sí.
Cuando parió la perra, le regalaron un macho al que Ana puso por nombre Tarugo. Isabel, con sus dos años y medio, era una preciosidad. Con José se llevaba muy bien. Los chiquillos se querían. Los padres no se oponían a que los niños subieran juntos.
La vida transcurría feliz para Ana y su hijo. Pronto sería Navidad, y Ana celebraría el segundo cumpleaños de José. Habló Ana con los señores, para celebrar el cumpleaños de su hijo. Preparó una fiesta en el salón de los obreros. Le ayudó Gloria y otras trabajadoras. Todo quedó bonito. Les pidió a don Tomás y a doña Rosa, que por favor dejara ir a Ricardo e Isabel. Ellos le prometieron que todos estarían allí.


(Continuará en el próximo número)

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