¿Creer o Convertirse?
Es una pregunta de gran importancia la que encabeza este artículo. Por ello la respuesta debe ser muy meditada; mas aún, debe ser consecuencia de una sólida reflexión que tome como base las Sagradas Escrituras, que son la máxima autoridad en cuestiones de fe y conducta, como siempre promulgó la Reforma del siglo XVI de la cual somos herederos.
Vamos a desarrollar primero el alcance real de la pregunta del encabezamiento, porque también del planteamiento correcto de la pregunta depende que la respuesta sea asimismo correcta.
¿El creer en Dios es suficiente para alcanzar la salvación y pertenecer a la Iglesia?
¿El creer en Jesucristo como el Hijo de Dios y en su obra redentora es suficiente?
Antes de continuar, quiero advertir que esto tan solo es un artículo, y por lo tanto no pretende ser un tratado teológico que traiga una respuesta que alcance todos los matices que la pregunta plantea; de hecho, lo que si se pretende es que si este artículo te motiva a entrar en un debate sobre el tema, pues quizás la revista sea un buen foro para tratarlo desde todos los ángulos en que teológicamente puede y debe ser abarcado.
De entrada, la respuesta a las dos preguntas señaladas anteriormente es ¡NO! No es suficiente creer para ser salvo, para formar parte de la Iglesia o pertenecer al Reino de Dios, y lo podemos ver claramente por lo que las Escrituras dicen al respecto: Stg. 2:19
19”Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan.”
Como podemos apreciar por este texto incluso los demonios son creyentes, y no por ello debemos suponer que son salvos ¿no?
Quiero añadir aquí unas frases del libro de Hechos de los Apóstoles en las que podemos ver cómo el tema no sólo es creer, sino convertirse, y cómo eso produce cambios.
“gran número creyó y se convirtió al Señor.” Hechos 11:21 Vemos que creyeron y se convirtieron. En Hechos 18:8 se nos dice: “y muchos de los corintios, oyendo, creían y eran bautizados.” Creyeron, y se bautizaron. Y, finalmente, veamos Hechos 17:4. “Y algunos de ellos creyeron, y se juntaron con Pablo y con Silas“. Aquí se muestra que el creer les llevó a “juntarse” (o unirse como dicen otras versiones) a Pablo y Silas.
“Algunos de los judíos creyeron, y se unieron a Pablo y Silas” Versión Dios habla hoy
Es cierto que Efesios 2:8 nos habla de que “Por gracia sois salvos por medio de la fe” pero ese texto forma parte de un contexto que abarca los versículos del 1 al 10 en los que se nos habla de unos pecados y delitos en los que “andábamos”. Es decir, pasado. También, en el versículo 10 se nos dice lo siguiente:
“Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”
Esto nos muestra que la auténtica fe no implica tan solo una aceptación intelectual de la realidad de la existencia de Dios, y aún de la obra redentora de Cristo. Implica un arrepentimiento, un cambio que se produce como consecuencia de lo que Jesús llamó Nuevo Nacimiento, es decir “nacer del agua y del Espíritu”. Juan 3
Aquí se está hablando de un cambio de naturaleza “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es” Por eso no sólo es cuestión de creer sino de convertirse.
Un ejemplo de lo que queremos decir lo encontramos en Juan 2 “Las bodas de Caná” “Jesús les dijo: Llenad estas tinajas de agua. Y las llenaron hasta arriba. 8Entonces les dijo: Sacad ahora, y llevadlo al maestresala. Y se lo llevaron. 9Cuando el maestresala probó el agua hecha vino,…”
El agua fue “convertida” en vino; y eso produjo unos cambios: cambió su aspecto, cambió su color, cambió su sabor; en fin, cambió su “naturaleza”
De igual modo ocurre en una persona; cuando no sólo cree, sino que se convierte al Señor, tienen que producirse cambios en ella; como los citados en Hechos anteriormente.
Se convierten, se bautizan y se unen física y espiritualmente a la comunidad eclesial. Cambios que como en el caso de la conversión del agua en vino pueden determinarse con exactitud, es decir, que aunque no somos salvos por obras, como Santiago dice, sí se demuestra por la naturaleza de las mismas, la naturaleza de nuestra condición; es decir, si ha habido conversión o no. Es como consecuencia de lo dicho hasta ahora que el creer según la Biblia implica conversión, y esa palabra en si misma significa cambio (Arrepentimiento) Un cambio de naturaleza, (agua, / vino) con las características propias de la misma, las cuales se manifiestan a través de las “Obras” o el “Fruto” “Por sus frutos los conoceréis”
Concluyo indicando que en nuestra predicación del Evangelio, debemos enfatizar no solo la Fe, sino el Arrepentimiento. El Nuevo Nacimiento sólo puede producirlo el Espíritu Santo. Pero si éste ocurre, habrá evidencias claras que determinen que ha tenido lugar; esa persona estará dispuesta a bautizarse, a unirse a la comunidad local, a seguir al Señor en una vida de discipulado responsable; y la razón es que se habrá producido un cambio de naturaleza que llevará a la persona de ser “Agua” a ser “Vino”, de ser desobediente con respecto a la voluntad de Dios a obediente; y es que escrito está:
“ 21 No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.” Mateo 7:21

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