REVISTA CRISTIANA MULTICULTURAL

domingo, 15 de abril de 2007

LA MUERTE DE JESÚS



La ejecución de Jesús por orden de las autoridades romanas es el dato históricamente mejor documentado de su vida. No sólo aparece en los Evangelios y otros libros del Nuevo Testamento, sino también en los escritos de los historiadores Flavio Josefo (judío) y Tácito (romano).
La crucifixión es una forma de ejecución de origen persa que fue adoptada por griegos y romanos. La crucifixión era la forma de ejecución habitualmente aplicada por los romanos a los rebeldes, bandidos y gentes de clase baja acusadas de producir disturbios. La crucifixión degradaba de tal modo al reo que llegaba a resultar despreciable a todos los que observaban el terrible espectáculo. El proceso de degradación empezaba en el camino que debía recorrer hasta llegar al lugar de la ejecución, pasando por las zonas más populosas de la ciudad y cargando el travesaño de la cruz en la que iba a morir. Normalmente llevaba colgado al cuello un letrero con la causa de su condena. El lugar donde era ejecutado estaba siempre fuera de la ciudad, simbolizando el rechazo de la población hacia el condenado; finalmente la cruz se colocaba en un montículo elevado para que mucha gente pudiera presenciar la ejecución. Se desnudaba al reo para avergonzarle públicamente. La forma como era colgado y la duración de su agonía servían también para humillarle más y hacerle aparecer despreciable delante de todos. Cuando finalmente moría, normalmente las autoridades prohibían que se le diera una sepultura digna. Con frecuencia dejaban el cadáver sujeto a la cruz durante días y luego lo arrojaban a un vertedero. En algunas ocasiones excepcionales permitían que la familia lo enterrara, pero con la condición de que no hubiera ritos funerarios. Así fue en el caso de Jesús.
Cuando Jesús llegó por última vez a Jerusalén, sabía que su hora había llegado. Por ello en esta ocasión ya no intentó pasar desapercibido, sino todo lo contrario. Entró montado sobre un asno mientras la gente le aclamaba y le llamaba Hijo de David. Y luego entró en el templo y echó de allí a los cambistas y vendedores de animales que hacían alí sus negocios. Con esas dos acciones puso en alerta tanto a las autoridades romanas como a las judías.
Fue arrestado durante la noche por soldados de la guardia del Templo y con la colaboración de Judas. Fue interrogado por el Sumo Sacerdote y otros miembros del Sanedrín, quienes le denunciaron y entregaron al gobernador romano Pilato. Pilato le sometió a un juicio rápido y le condenó a morir en la cruz.
Jesús llegó a Jerusalén para morir. No le quitaron la vida, sino que El la dio por la salvación de todos los que crean en El. Jesús con su muerte abrió el único camino a Dios y a la Salvación eterna. El justo murió por los injustos para llevarnos a Dios (1ª Pedro, 3:18). No hay otro camino. Si lo hubiera, Jesús no hubiera vuelto a Jerusalén. Sabía que era su hora y debía dar su vida por la salvación de muchos.

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